Fatima – 13 Octubre

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Lucía respondió por parte de los tres, como lo hizo durante todas las apariciones. ¿De dónde eres?, Yo vengo del cielo. Lucía no tenía miedo. La presencia de la Señora le producía solo felicidad y un gozo confiado. “¿Que quieres de mi?” Quiero que regreses aquí los días trece de cada mes por los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quien soy y qué es lo que más deseo. Y volveré aquí una séptima vez.
“¿Y yo iré al cielo?” Sí, tu irás al cielo.” ¿Y Jacinta?” Ella también irá ” ¿Y Francisco?” El también, amor mío, pero primero debe decir muchos Rosarios La Señora miró a Francisco con compasión por unos minutos, matizado con una pequeña tristeza. Lucía después se recordó de algunos amigos que habían fallecido. “¿Y María Neves está en el cielo? (Maria tenia 16 años)Si, ella esta en el cielo “¿y Amelia?” (Tenia 18 o 20 años no recuerdo bien) Ella esperara en el purgatorio el fin del mundo.

Se ofrecerán a Dios y tomarán todos los sufrimientos que El les envíe? ¿En reparación por todos los pecados que Le ofenden y por la conversión de los pecadores? “Oh Sí, lo haremos” Tendrán que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con ustedes y los fortalecerá. Lucía relata que mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazada por ella. Por un impulso interior de gracias caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones: “Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento”.
Lucia todavía escribe en sus Recuerdos que los chicos no tuvieron tampoco ni por un instante temor de aquella aparición, sino sólo temor de una probable tormenta. Sólo más tarde entendieron que los relámpagos sólo eran un reflejo de la luz que circundó la Santa Virgen; desde entonces aprendieron que cuando aquella luz se mostraba era pprque estaba próxima la aparición de nuestra amada Señora. Continua…

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Virgen del Carmelo – 16 julio

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La devoción a la Virgen del Carmelo es una forma de piedad mariana vivida y

promovida por la Familia del Carmelo. Una devoción que, por su simplicidad y consonancia con cualquier mentalidad, ha tenido amplia difusión entre los fieles y continúa dejando grandes frutos espirituales.

Esta devoción pone en primer lugar la actitud interior, el amor simple, espontáneo y filial que nace de una libre y total consagración a la bienaventurada Virgen María del monte Carmelo (Nuestra Señora del Carmen).

Devoción

Como toda verdadera devoción, procede de la fe auténtica que reconoce la grandeza de la Madre de Dios y nos impulsa al amor filial hacia la Virgen y a la imitación de sus virtudes.

Al expresar y manifestar la iniciativa del amor materno de María y nuestra voluntad de ser “propiedad” de María, nace el ESCAPULARIO (o pequeño hábito) DEL CARMELO. Pio XII lo definió como el “vestido mariano” por antonomasia y lo definió como “signo y garantía de la protección de la Madre de Dios”.

La ENTREGA del Escapulario, llamado también toma de hábito, puede ser efectuado por cualquier sacerdote. Los primeros escapularios tienen que ser de tela, benditos e impuestos por un sacerdote. Cuando se tiene que sustituir, sólo es necesaria otra bendición. La fórmula que se acostumbra es aquella del Ritual o la simple señal de la Cruz.

El Escapulario puede ser sustituido por una medalla bendita que por un lado tiene la imagen de la Virgen debajo de cualquier título – preferiblemente del Carmelo – y por el otro el Sagrado Corazón de Jesús.

El fiel se compromete a ponerse noche y día el Escapulario de tela o la medalla

  • a cumplir cada día una práctica de piedad mariana (por ejemplo: el Rosario, o 7 Ave María, o al menos un Salve Reina)
  • a rezar por el Escapulario del Carmelo y perseverar en el amor a María con un válido testimonio de vida cristiana.

El Escapulario no es un amuleto para animar la superstición, sino una prenda de predilección de la Virgen: una llamada al ejercicio de la caridad y una profesión de pertenencia y de consagración a la Madre y Reina del Carmelo.

Los privilegios

Los Privilegios del Escapulario son gracias y favores que la Virgen obtiene de Cristo para sus hijos devotos, como premio. Ésta promesa fue hecha por la Virgen a San Simón Stock y al Papa Juan XXII.

La salvación Eterna

La Santísima Virgen dijo “éste es el privilegio que yo te concedo a ti y a todos los carmelitas: cualquiera que muera con este escapulario no padecerá el fuego eterno”.
Pio XII, en su discurso conmemorativo, afirmó: “¡Cuántas almas buenas han pedido que, también en circunstancias humanamente desesperadas, se les conceda la suprema conversión y la salvación eterna poniéndose el Escapulario! ¡Cuántos, además, en los peligros del cuerpo y del alma, han sentido, gracias a él, la protección materna de María! La devoción al Escapulario ha hecho verter sobre todo el mundo ríos de gracias espirituales y temporales”.

El privilegio sabatino

La Virgen ha prometido preservar a sus devotos, quienes vistan el escapulario, librarles del purgatorio el primer sábado después de la muerte.
Pio XII asegura a los devotos del Escapulario que la Piadosísima Madre no dejará de interceder ante Dios para que sus hijos, que expían sus pecados en el Purgatorio, alcancen cuanto antes la Patria Celestial, como lo indica el “privilegio sabatino transmitido en la tradición”. Continua…

Mayo con Maria

photo_2017-04-28_21-22-40Rezo

El rezo del Rosario no es una cuestión de fórmulas que se repiten, sino una forma de entrar en conversación coloquial con María, para transmitir nuestros sentimientos, para confiarle nuestras penas, para abrir nuestro corazón y, finalmente, para aceptar la voluntad de Dios.

Promesas dadas al Beato Alano de La Roche

  1. Quien fielmente me sirva rezando el Rosario ha de recibir signos de gracia.
  2. Prometo mi protección especial y las mayores gracias a todos aquellos que recen el Rosario.
  3. El Rosario es un arma potente contra el infierno; él destruirá los vicios, liberará del pecado, disipará las herejías.
  4. El Rosario hará florecer las virtudes y las buenas obras y obtendrá para las almas las más abundantes misericordias de Dios; él sustituirá en los corazones de los hombres el amor vacío del mundo con el amor de Dios, elevando el deseo de los bienes celestiales y eternos.
  5. Quien confíe en mí, rezando el Rosario, no será vencido en las adversidades.
  6. Quien rece devotamente el Rosario, meditando los misterios, no será castigado por la justicia de Dios; si es pecador, se convertirá; el justo crecerá en la gracia y se hará digno de la vida eterna.
  7. Los verdaderos devotos a mi Rosario, en la hora de la muerte, no morirán sin los Sacramentos.
  8. Aquellos que recen mi Rosario hallarán durante su vida y en la hora de la muerte, la luz de Dios y la plenitud de sus gracias y participarán de los méritos de los Santos en el Paraíso.
  9. Cada día libraré del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
  10. Los verdaderos hijos de mi Rosario se alegrarán con gran gloria en el cielo.
  11. Todo lo que pidiereis en el Rosario, lo obtendréis.
  12. Aquellos que difundan mi Rosario serán socorridos por mí, en todas sus necesidades.
  13. Yo he obtenido de mi Hijo que todos los devotos del Rosario tengan por hermanos, durante la vida y en la hora de la muerte, a los santos del cielo.
  14. Aquellos que rezan fielmente mi Rosario son mis hijos amados, hermanos y hermanas de Jesucristo.
  15. La devoción a mi Rosario es un gran signo de predestinación.

Continua…