Junio – Corazón de Jesús

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Las grandes visiones:

  1. Jesús se apareció a Santa Margarita María Alacoque y la invitó a ocupar el sitio que San Juan había ocupado durante la Última Cena, y le dijo: “mi Divino Corazón está tan apasionado por los hombres que, no pudiendo contener en sí las llamas de su ardiente caridad, necesita expandirlas. Te he elegido para cumplir este gran designio: para que todo sea hecho por mí”.
  2. El Corazón de Jesús se manifestó sobre un trono de llamas más radiante que el sol, y transparentes como el cristal, rodeado de una corona de espinas, simbolizando las heridas infringidas por nuestros pecados y encabezado por una cruz.
  3. Jesús se presentó a Margarita María todo fulgurante de gloria, con sus cinco llagas brillantes como soles, y, por aquella sagrada humanidad, salían llamas por todas partes, pero, sobre todo, de su admirable pecho, que asemejaba a un horno, y, estando abierto, ella descubrió en el amable y amante Corazón, la verdadera fuente de las llamas. Jesús la solicitó para hacer la Comunión el primer viernes de cada mes y para postrarse con la cara en tierra desde las once de la noche, entre el jueves y el viernes”.
  4. Jesús le dijo que se sentía herido por las irreverencias de los fieles, y añadió: “Lo que más me duele, es que lo hacen los consagrados”.

“Éste es el Sagrado Corazón: el que tanto ha amado a los hombres, el que no ha escatimado esfuerzos hasta unirse, incluso consumirse, para testimoniar su amor. Y en recompensa, de la mayor parte de los hombres, sólo recibo ingratitudes, irreverencias y sacrilegios, junto con la frialdad y el desprecio con que mal me usan en este sacramento de amor…Por eso te pido que el primer viernes, tras la octava del Santo Sacramento, sea festivo particular para honrar a mi Corazón. Ése día les comunicarás y exigirás reparación de honor para compensar las indignidades que he recibido durante todo el tiempo en que he sido expuesto en los altares. Te prometo que mi Corazón se ensanchará y pagará con abundantes influjos, de su divino amor, sobre los que le rindan honores y tributos”.

Continua…

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Santa Rita de Casia – 22 mayo

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Santa de los casos imposibles.

Santa Rita es una de las santas más amadas hoy, objeto de una extraordinaria devoción popular. Es amada por el pueblo que la siente muy cercana por la sorprendente normalidad de su existencia diaria, primero como esposa y madre, luego como viuda y finalmente como monja agustiniana.


Su vida fue marcada por la cruz, soportó la dentellada del dolor que le apretaba el alma y le laceraba las carnes porque comprendía la sabiduría de la Cruz. Transmutó el dolor en una increíble expresión de amor, que da sin pedir, y lo transformó en una fuerza arrolladora de elevación espiritual.

Divino amor es aquel que alaba Dios a pesar de los sufrimientos; es la forma más pura y más alta de la caridad.

Santa Rita defiende el gozo del perdón inmediato y generoso, de la paz amada perseguida como bien supremo, del amor fraternal intenso y sincero, de la extrema confianza en Dios íntegor y filial, de la cruz llevada con Cristo y por Cristo. Ella nos exhorta pues, a confiarnos de Dios para se cumplan en nosotros sus divinos designios.

La fuerza de Santa Rita está en su capacidad de hablar a cada corazón, de participar en nuestros problemas. Porque te puede oir, preséntate a Ella con confianza, no dejará de transformar tus oraciones en súplicas ardientes y gratas al Señor. Su intercesión es tan poderosa que el pueblo devoto la llama “Santa de los casos imposibles, abogada de los casos desesperados”.

Sige a Santa Rita en éste camino entusiasta, descubre en el ejemplo de esta humilde mujer a la mejor maestra. Pidámosle que interceda por nuestras tribulaciones, necesidades y angustias, pero antes que nada pidámosle que nos enseñe la aceptación del sufrimiento sin condiciones, la capacidad de perdonar de corazón y a fijar el pensamiento y el corazón en Dios “a fin de que entre las cosas cambiantes del mundo nuestros corazones estén fijos allá donde está el verdadero gozo”. Continua…

 

Mayo con Maria

photo_2017-04-28_21-22-40Rezo

El rezo del Rosario no es una cuestión de fórmulas que se repiten, sino una forma de entrar en conversación coloquial con María, para transmitir nuestros sentimientos, para confiarle nuestras penas, para abrir nuestro corazón y, finalmente, para aceptar la voluntad de Dios.

Promesas dadas al Beato Alano de La Roche

  1. Quien fielmente me sirva rezando el Rosario ha de recibir signos de gracia.
  2. Prometo mi protección especial y las mayores gracias a todos aquellos que recen el Rosario.
  3. El Rosario es un arma potente contra el infierno; él destruirá los vicios, liberará del pecado, disipará las herejías.
  4. El Rosario hará florecer las virtudes y las buenas obras y obtendrá para las almas las más abundantes misericordias de Dios; él sustituirá en los corazones de los hombres el amor vacío del mundo con el amor de Dios, elevando el deseo de los bienes celestiales y eternos.
  5. Quien confíe en mí, rezando el Rosario, no será vencido en las adversidades.
  6. Quien rece devotamente el Rosario, meditando los misterios, no será castigado por la justicia de Dios; si es pecador, se convertirá; el justo crecerá en la gracia y se hará digno de la vida eterna.
  7. Los verdaderos devotos a mi Rosario, en la hora de la muerte, no morirán sin los Sacramentos.
  8. Aquellos que recen mi Rosario hallarán durante su vida y en la hora de la muerte, la luz de Dios y la plenitud de sus gracias y participarán de los méritos de los Santos en el Paraíso.
  9. Cada día libraré del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
  10. Los verdaderos hijos de mi Rosario se alegrarán con gran gloria en el cielo.
  11. Todo lo que pidiereis en el Rosario, lo obtendréis.
  12. Aquellos que difundan mi Rosario serán socorridos por mí, en todas sus necesidades.
  13. Yo he obtenido de mi Hijo que todos los devotos del Rosario tengan por hermanos, durante la vida y en la hora de la muerte, a los santos del cielo.
  14. Aquellos que rezan fielmente mi Rosario son mis hijos amados, hermanos y hermanas de Jesucristo.
  15. La devoción a mi Rosario es un gran signo de predestinación.

Continua…