Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.

lazarus

Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,
y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”.
Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”.
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”.
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”.
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”.
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

Juan 11

Hoy hablar de milagros significa remover un pasado sepultado en el tiempo por montañas de escombros, producidas por la más ciega racionalidad, que nada tolera sino la autocelebración de su presunta omnipotencia de juicios creidos infalibles. En el nombre de tal racionalidad se ha llegado a la negación de cuanto no se pueda ver, tocar o sea inmaterial: en esta visión no tienen cavida sentimientos ni lo que pertenezca a lo espiritual.

Desde muchos sitios se afirma que a la verdadera fe no le acontecen milagros, porque en creer está resumida toda certeza. Y es verdad: aunque el reto que toda persona debe superar está en las dudas que a veces le asaltan. ¿Cómo es posible creer en lo que no se vé? ¿Es auténtica mi fe?. La respuesta: ¿estoy dispuesta a creer a cualquier precio?.

A la pregunta: “¿eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?. Responde Jesús: Id y contad a Juan: los ciegos recuperan la vista, los ciegos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio” (Mt 11, 3-5). A la pregunta: “¿Eres el Cristo? Dínoslo abiertamente. Jesús les responde: os lo he dicho y no me creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, dan testimonio de mí… Pero si las hago, aunque no me cráis, creed en las obras: así empezaréis a comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10, 25-38).

Dios Padre daba testimonio y acreditaba a Jesús a través de los prodigios que atestiguaban Su Omnipotencia. Las palabras se las lleva el viento, pero las obras permanecen. Nadie puede negar la evidencia, debiendo rendirse a la realidad de los hechos. En aquellos tiempos, los escribas que eran los altos cargos de Jerusalén decán: “Éste está poseido por Belcebú y echa a los demonios por medio del jefe de los demonios” (Mc 3, 22). Acusación ridícula que demuestra las chorradas que se llegan a inventar para negar la evidencia.

Hoy pasa exactamente lo mismo. Varias comisiones de expertos en diferentes materias reconocen que a nivel científico no existe explicación alguna que explique las curaciones instantáneas. Argumentan que será posible explicarlas en un futuro. Los menos racionalistas sostienen que las curaciones no pueden obtenerse con la intervención divina. Los creyentes estamos seguros que los milagros son posibles y llegan mediante la oración de súplica, por la intervención de María Santísima, Los Santos… Así lo demuestran los casos documentados en Lourdes y en los demás Santuarios esparcidos por el mundo. Continua…

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Presentación del Señor

dcbae858a336723e7bd8e63f28533951“Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Lucas 2

El Dolor de María
de Enrique Suso

Del Librito de la Eterna Sabiduría

Pura Señora y noble Reina del cielo y de la tierra, toca mi corazón petrificado con el mar de lágrimas que has derramado por la amarga tribulación de tu Amado Hijo, debajo de la mísera cruz, a fin que este corazón se enternezca y puede comprenderte, De hecho, la pasión del corazón es de tal naturaleza que nadie la conoce bien, si no quien la ha probado. Ah, ahora toca mi corazón, Señora, con tus tristes expresiones y pocas palabras como te comportaste debajo de la cruz cuando viste a tu Amado Hijo morir tan dolorosamente.

RESPUESTA: Tú tienes que entenderlo con lamento y con dolor en el corazón. Aunque, si ahora estoy libre de cada sufrimiento, no lo estaba en aquel tiempo.

Antes de llegar al pie de la cruz había sentido grandes e indecibles dolores, especialmente cuando tuve la primera visión de mi hijo maltratado, brutalmente golpeado. A causa de esto permanecí sin fuerzas y así, agotada, fui conducida, siguiendo a mi amado Hijo, al pie de la cruz. Pero lo que me preguntas, esto es, cuál fue mi estado de ánimo y como me comporté, escúchalo, para cuantos sea posible saberlo. De hecho, no ha nacido un corazón que puede conocerlo a fondo.

Mira, todos los sufrimientos que nunca experimentará un corazón se pueden comparar al insondable dolor que mi corazón sufrió entonces, son como una gota de agua en comparación con el mar. Por lo tanto, comprende ésto: mientras más Amado y dulce es [hacia nosotros], más insoportables son su pérdida y su muerte. Nunca nació sobre la tierra alguien tan tierno. ¿Dónde se ha visto antes alguien más amoroso que mi único, tan amable y Amado por el cual y en el cual yo poseía absolutamente todo lo que este mundo podría dar? Estaba ya muerta yo misma cuando mi hermoso amor fue muerto y entonces yo morí también. Mi Amado era único y era el amor de mis amores, por eso mi sufrimiento fue único y fue sufrimiento de sufrimientos como nunca lo ha habido. Continua…