Inmaculada concepción – 8 diciembre

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María es Madre

María es bella de una belleza que es más del cielo que de la tierra. María es santa, de una santidad que la colma de gracia. María es buena, de una bondad que un día le hará sacrificarse por amor su Hijo. María es pura, de una pureza que supera el candor de la nieve. María es muy fuerte, de una fuerza tal que acepta cada martirio.

María es madre de Dios

Para salvar los hombres de los horrores de la muerte y del pecado, el Hijo de Dios tenía que encarnarse, situarse también Él como un pobre peregrino sobre la tierra. También Él necesitaba una madre.
¡Oh, la perfección de este mujer privilegiada! Dios la había preparado durante toda la eternidad en la sabiduría. Y fue María quien, ante el anuncio del ángel, se humilló y se arrodilló, gritando al cielo “¡He aquí la esclava del Señor! ¡Fiat!” Y el misterio dulce y tremendo se cumple, el hijo de Dios es el Hijo de María.

María es madre nuestra

Habiendo aceptado ser la madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, María aceptó seguir maternalmente a Jesús en su misión dolorosa. Misión de salvación, misión de renuncia y de martirio.
Jesús, primogénito entre muchos hermanos, se sometió a la voluntad del Padre, María es la madre de estos hermanos de Jesús. Y fueron los hermanos lo que un día matarían y crucificarían al Hijo Primogénito. Y ella vió el cuerpo atormentado del más bello, del más bueno de todos los hijos de los hombres, y fueron sus verdugos los otros hijos que lo colgaron de lo alto del patíbulo. Desde allí, Ella recibió el testamento de Jesús.

Súplica

Dulce Madre, ¿cómo puedo hacerte olvidar el dolor cruel que te he causado? ¿Y cómo podré mostrarme de verdad ante tu Hijo? Tu eres siempre Madre. Incluso cuando soy malo tú estas siempre dispuesta a oír tu corazón traspasado de agudas espadas, pero ¿de qué me servirá si no me enmiendo, si no quiero ser tu hijo? Oh María, no me dejes. Una madre no abandona a su hijo. Contigo estoy salvo.

Oración

María mía dolorosa, no quiero dejarte sola con tu llanto, no, quiero unir mis lágrimas a las tuyas. Hoy te pido este favor: obtener para mí la gracia de recordar de forma continua y tener una tierna devoción a la Pasión de Jesús y para que cada día que me quede por vivir pueda llorar tus sufrimientos, oh madre, y los de mi Redentor.

Espero que cuando este en la hora de mi muerte el recuerdo de tu dolor me dé la confianza y la fuerza para no desesperar, al ver los delitos que ocasioné a mi Señor.

Tu dolor me conseguirá el perdón, la perseverancia, el cielo, donde espero ir a regocijarme contigo y cantar las misericordias infinitas de mi Dios por toda la eternidad. Espero que sí, que así sea.
Amén.
San Alfonso María de Ligorio

Continua…

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Inmaculada – 8 diciembre

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La santa Virgen es única en cada una de sus relaciones con las tres personas de la Santísima Trinidad.

“Única es la paloma mía” (Ct 6,8)

  1. Ella es única en su cualidad de Madre del Hijo, ya que es verdadera y propiamente Madre, y es la única Madre de Dios.
  2. Es única en su cualidad de Hija del Padre, ya que su adopción es del todo singular, y ella sola, entre los Hijos de Dios, ha estado simultáneamente concebida y adoptada.
  3. Es única en su cualidad de esposa del Espíritu Santo, ya que solamente ella ha contraído con Él, en el nombre de toda la naturaleza humana, un sagrado casamiento para ser Madre del Hombre-Dios sin dejar de ser Virgen.

La celebración de éstos sagrados esponsales fue en un lugar público. El Templo, cuando la Santa Virgen fue presentada.
Cuán grande es esta prerrogativa y cuántas ventajas lleva consigo! ¡Qué participación de los bienes de éste divino Esposo! ¡Qué plenitud de sus regalos! ¡Qué santidad! Nunca esta santa Novia opuso la mínima resistencia a las inspiraciones del Espíritu Santo. Nunca cumplió una sola acción cuyo principio no fuera el Espíritu Santo. ¡Que alejados estamos nosotros de esta fidelidad! Oponemos continuas resistencias al Espíritu de Dios. Nos vamos detrás de nuestras inclinaciones. Rechazamos cada día de millares de gracias y tenemos encarcelados los regalos del Espíritu Santo en una vergonzosa inactividad. Continua…