María Madre de Dios – 1 enero

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La Madre de Jesús

Su alma se ve hermosa, virgen, como cuando el padre pensó en ella reuniendo todas las gracias. Es Virgen, única, perfecta, así la pensó. Así la creó. Así se mantuvo. Es la Virgen, es el abismo de la pureza, de la gracia que se pierde en el abismo que es Dios.

Virgen Inmaculada

¿Quién es ésta que despunta como la aurora, bonita como la luna, resplandeciente como el sol? Es un rayo de luz que va dulcemente donde se abre el corazón. La mano de Santa María siembra donde uno pone su Corazón, para hacer nacer frutos luminosos dignos del esplendor del cielo.

Oh caminante que, como yo, has oído la llamada de esta tierna madre, de María, que desea todavía instruir nuestro pequeño corazón, para avivarlo a fin de que arda todavía más de amor infinito.

Incluso la luz se blanquea ante la presencia de Mamá y, como el sol hace asomar la mañana, pedimos a María la luz que ilumine nuestro camino. La serenidad, el gozo y la paz son un cielo exclusivo para aquellos que saben elevar el corazón al amor infinito, que late también con el corazón de Mamá. Si buscas con devoción, podrás comprender su Amor filial.

Santa María es la Mamá que llama

Llama, porque es Madre, Madre de Jesús y Madre nuestra. Ama a Jesús llevando a Él nuestras almas, y nos ama, dándonos a Jesús. Ansias y delicadezas, gozos y martirios florecen en ella del mismo tallo: un amor que no tiene límites, que ofrece el corazón; descanso en cada hora de fatiga, luz en las horas oscuras y refugio en los momentos de temor.

Escucha…

Una vez más María nos contará la Buena Nueva, nos expresará todo su dolor, nos repetirá todo su amor y nos dará un buen consejo: “Hagan todo lo que Jesús les diga”; y Jesús ha dicho con su ejemplo lo que tenemos que hacer: amar a Dios que es Padre, amar alos hombres que son hermanos.

¡Ven!

No se debe resistir a la invitación de nuestra Mamá María. Es la más sincera, la más santa, la más eficaz de todas. ¿Quién sabe, acaso, si es tanto lo que nos llama que su voz parece casi debilitada por la fatiga, parece tal vez rota por el llanto…?
“¡Vengan! Hay tantas cosas que sólo yo sé decirles, hay tantos tesoros que sólo yo sé darles. ¡Vengan! Les llamo a su casa: la casa de la Madre es la casa de los hijos; la casa de Jesús es la mía, es su casa.
¿Por qué temen? ¡Vengan, descansen sobre el corazón de su Madre!”.

María, querida Mamá, tómame de la mano

Oh madre mía dulcísima, quiero escucharte.
Tengo tanta necesidad de una Mamá para mi alma.
¡Cómo me llega tu voz suave, que está llena de cielo!
Estoy tan cansado del mundo,
que no me ha traído más que tribulaciones e infelicidad.
Háblame de Jesús, dime sus secretos de misericordia,
Llévame a Él, amárrame a Él
y enséñame a hacer toda Su voluntad.

Sin ninguna dificultad podrás comprender el fundamento en que se basa la devoción a Santa María, nuestra querida Mamá Celestial, su vida, sus dolores, su gran Corazón de Mamá a través de los argumentos de los Santos, entre ellos: Bernardo, Alfonso, Agustín, Tomás y Teresa. Serás guiado por un recorrido fascinante al descubrimiento de la más sublime de las verdades. Y todavía encontrarás diversas varias formas de devociones, para poder encontrar el encanto del cielo.

Gózate, gózate, alma mía, y alégrate con ella, porque ha estado preparando muchas cosas buenas para aquellos que la alaban.
San Buenaventura

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Inmaculada concepción – 8 diciembre

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María es Madre

María es bella de una belleza que es más del cielo que de la tierra. María es santa, de una santidad que la colma de gracia. María es buena, de una bondad que un día le hará sacrificarse por amor su Hijo. María es pura, de una pureza que supera el candor de la nieve. María es muy fuerte, de una fuerza tal que acepta cada martirio.

María es madre de Dios

Para salvar los hombres de los horrores de la muerte y del pecado, el Hijo de Dios tenía que encarnarse, situarse también Él como un pobre peregrino sobre la tierra. También Él necesitaba una madre.
¡Oh, la perfección de este mujer privilegiada! Dios la había preparado durante toda la eternidad en la sabiduría. Y fue María quien, ante el anuncio del ángel, se humilló y se arrodilló, gritando al cielo “¡He aquí la esclava del Señor! ¡Fiat!” Y el misterio dulce y tremendo se cumple, el hijo de Dios es el Hijo de María.

María es madre nuestra

Habiendo aceptado ser la madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, María aceptó seguir maternalmente a Jesús en su misión dolorosa. Misión de salvación, misión de renuncia y de martirio.
Jesús, primogénito entre muchos hermanos, se sometió a la voluntad del Padre, María es la madre de estos hermanos de Jesús. Y fueron los hermanos lo que un día matarían y crucificarían al Hijo Primogénito. Y ella vió el cuerpo atormentado del más bello, del más bueno de todos los hijos de los hombres, y fueron sus verdugos los otros hijos que lo colgaron de lo alto del patíbulo. Desde allí, Ella recibió el testamento de Jesús.

Súplica

Dulce Madre, ¿cómo puedo hacerte olvidar el dolor cruel que te he causado? ¿Y cómo podré mostrarme de verdad ante tu Hijo? Tu eres siempre Madre. Incluso cuando soy malo tú estas siempre dispuesta a oír tu corazón traspasado de agudas espadas, pero ¿de qué me servirá si no me enmiendo, si no quiero ser tu hijo? Oh María, no me dejes. Una madre no abandona a su hijo. Contigo estoy salvo.

Oración

María mía dolorosa, no quiero dejarte sola con tu llanto, no, quiero unir mis lágrimas a las tuyas. Hoy te pido este favor: obtener para mí la gracia de recordar de forma continua y tener una tierna devoción a la Pasión de Jesús y para que cada día que me quede por vivir pueda llorar tus sufrimientos, oh madre, y los de mi Redentor.

Espero que cuando este en la hora de mi muerte el recuerdo de tu dolor me dé la confianza y la fuerza para no desesperar, al ver los delitos que ocasioné a mi Señor.

Tu dolor me conseguirá el perdón, la perseverancia, el cielo, donde espero ir a regocijarme contigo y cantar las misericordias infinitas de mi Dios por toda la eternidad. Espero que sí, que así sea.
Amén.
San Alfonso María de Ligorio

Continua…

Fatima – 13 Octubre

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Lucía respondió por parte de los tres, como lo hizo durante todas las apariciones. ¿De dónde eres?, Yo vengo del cielo. Lucía no tenía miedo. La presencia de la Señora le producía solo felicidad y un gozo confiado. “¿Que quieres de mi?” Quiero que regreses aquí los días trece de cada mes por los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quien soy y qué es lo que más deseo. Y volveré aquí una séptima vez.
“¿Y yo iré al cielo?” Sí, tu irás al cielo.” ¿Y Jacinta?” Ella también irá ” ¿Y Francisco?” El también, amor mío, pero primero debe decir muchos Rosarios La Señora miró a Francisco con compasión por unos minutos, matizado con una pequeña tristeza. Lucía después se recordó de algunos amigos que habían fallecido. “¿Y María Neves está en el cielo? (Maria tenia 16 años)Si, ella esta en el cielo “¿y Amelia?” (Tenia 18 o 20 años no recuerdo bien) Ella esperara en el purgatorio el fin del mundo.

Se ofrecerán a Dios y tomarán todos los sufrimientos que El les envíe? ¿En reparación por todos los pecados que Le ofenden y por la conversión de los pecadores? “Oh Sí, lo haremos” Tendrán que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con ustedes y los fortalecerá. Lucía relata que mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazada por ella. Por un impulso interior de gracias caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones: “Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento”.
Lucia todavía escribe en sus Recuerdos que los chicos no tuvieron tampoco ni por un instante temor de aquella aparición, sino sólo temor de una probable tormenta. Sólo más tarde entendieron que los relámpagos sólo eran un reflejo de la luz que circundó la Santa Virgen; desde entonces aprendieron que cuando aquella luz se mostraba era pprque estaba próxima la aparición de nuestra amada Señora. Continua…