Misericordia de Dios

 

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“Tras el pecado espera en la misericordia, antes del pecado ten respeto por la justicia”.

San Agustin

Misericordia es el sentimiento generado por la compasión, por la misericordia ajena que empuja a la piedad por la infelicidad y desventura del prójimo, que empuja a ayudarle, a perdonar y también une a las personas con un vínculo auténtico de amor, fidelidad, bondad y ternura.

La misericordia brota sólo de un corazón que sabe amar. Sin el amor es imposible sentir compasión ni acudir en ayuda del otro. Sólo el amor puede hacer este milagro y es la realidad que nos hace semejantes al sol; nos hace resplandecer y arder, y es una inestimable riqueza que nos empuja a actuar de todos modos y siempre. Es en la misericordia donde el amor se comprende a sí mismo y es el idioma en el que el amor se expresa en la radicalidad de su libre donarse.

En Dios se comprende el amor puro y sublime, donde cada cosa asume su significado a través del amor operante. La misma creación, que es portadora de alegría y de gozo, atestigua las maravillas y su finalidad. Aun el idioma del amor es misterioso y en gran parte inefable y siempre nuevo, como la respiración de la vida o como el latido del corazón. El amor no será nunca una necesidad dialéctica ni una estructura de la materia, sino que será siempre la consecuencia de la libertad. ¿Cual es el lugar donde podemos buscar al Amor, donde habla de sí mismo revelando su misterio, su esencia y su presencia?. Este sitio es el Evangelio deonde encontramos el mandamiento: debemos amar.

En la parábola de la cizaña se lee que, habiendo crecido en un campo el grano junto a la cizaña, los siervos quisieron arracan ésta última. Dijo el dueño: en el tiempo de la siega, diré a los segadores: “arrancad primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla” (Mt 13,24-30). Esta parábola muestra por una parte la paciencia del Señor y, por otra, su rigor hacia los obstinados.

San Agustín decía que el demonio engaña a los hombres de dos maneras: con la desesperación y con la esperanza. Tras el pecado, lleva al pecador a la desesperación, con el miedo a la divina justicia; pero antes de pecar empuja el alma al pecado con la esperanza en la divina misericordia. Por eso, amonesta San Agustín: “Tras el pecado espera en la misericordia, antes del pecado ten respeto por la justicia”. En efecto, no merece misericordia quien se sirve de ella para ofender a Dios. Dios usa su misericordia con quien le ama, no a quien se sirve de ella para no amarlo. Continua…