Triduo a San José para obtener una gracia

“Cualquiera que sea la gracia que solicites a San José sin duda va a ser concedida, para creer solo tienen que convencerse haciendo la prueba”.
Santa Teresa de Ávila

I.

O San José, mi protector, recurro a ti, para rogarte me obtengas del Corazón de Jesús esta gracia. Por mis pecados no merezco ser escuchada. Te suplico que me ayudes a superar mis defectos y, siento tu tan poderoso, espero obtener a través de tu intercesión tan ansiada gracia, para que vaya yo también a tus pies para agradecerte y presentarte ofrendas de agradecimiento.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

II.

No te olvides, querido San José, que ninguna persona en el mundo recurrió a Ti, siendo decepcionado al poner su confianza y esperanza en ti. No permitas, oh gran santo, que sea privado de la gracia que te pido. Muéstrate poderoso y generoso incluso para mí; y te daré gracias, y mi lengua agradeciendo, exaltara la misericordia de Dios.
Padre Nuestro Ave María y Gloria.

III.

O San José, cabeza de la Sagrada Familia, que serás profundamente reverenciado y de todo corazón invocado. Los afligidos, que rogaron a ti antes que yo, que han dado consuelo y gracias. Gracias Dios por tanto, consuela también mi alma afligida. Tú, oh gran Santo, ven a Dios en todas mis necesidades. Tú sabes lo mucho que necesitaba la gracia que te pido. Espero ser consolado por Ti, y prometo difundir la devoción a Ti para ayudar a las obras que, en tu nombre, se elevan para alivio de muchos descontentos y moribundos. O San José, consuelo de los afligidos, ten compasión de mí!
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Súplica

Recuerda, oh purísimo esposo de la Virgen María, oh dulce patrón mío San José, que nunca se ha oído que nadie haya invocado tu protección o pedido tu ayuda, sin haber sido consolado.
Con esta confianza, vengo ante ti, y me encomiendo fervientemente.
Oh padre adoptivo del Redentor, no desprecies mi suplica, recíbela y escúchala, amén
(Indul. Parcial)

Devoción al glorioso Patriarca San José.

 

San Juan Bosco – 31 enero

st_john_boscoA primera vista parece un cura cualquiera, digno y recogido, y este recogimiento interior le confería algo de atrayente. Quien lo encontraba experimentaba una especial simpatía y reverencia. Sus maneras gentiles abrían todo corazón. Sus palabras, su comportamiento, toda su acción estaba infundida por el efecto de la castidad, una sencillez tan grande y una brisa virginal para convencer y edificar a cualquier persona que se acercase aél, aunque fuese depravada.

Para todos era un amigo, un consolador un padre. Detestaba los discursos inútiles, hablaba despacio y con mucha gravedad. Su bondad era estraordinaria. Consumió su vida para gloria e Dios y la salvación de las almas, su hablar, su obrar tendía sólo a este ideal. Sacó de lo sobrenatural una fuerza insuperable, un alma maravillosa, una heróica paciencia, para tener éxito en cada empresa.

De Dios recibió una gran inteligencia, una mente preparada, una gran memoria y un temperamento resistente al cansancio. Êl consagró todas estas portentosas facultades al Señor. Era Docto en latín y griego,leía hebreo, hablaba francés y entendía el alemán, competente en filosofía, teología, derecho,historia, geografía, ciencia sagrada y profana hasta sorprender a los expertos. Dotado de una memoria estraordinaria, leía un libro sin olvidarlo jamás.

Desde pequeño destacaba por lo Sobrenatural, mediante sueños y visiones y ser apóstol de los jóvenes. Él se adherió con todo el corazón a esta misión y el cielo le concedió ayudas extraordinarias.

He aquí como debería ser hecha la plegaria según Don Bosco:

  1. Quien ora no debe tener conciencia de pecado mortal.
  2. Debe orar inspirado por la fe, porque sin ella es imposible rezar bien.
  3. Rezar con mucha humildad.
  4. Orar, en primer lugar, por las cosas espirituales: como el perdón de los pecados, la luz para conocer la voluntad divina y nuestros errores, la perseverancia en las virtudes. Después, por los bienes temporales, la curación, los medios que necesitamos para vivir.
  5. Orar en nombre de Jesús para obtener de Dios, por los méritos de nuestro Divino Salvador.
  6. Orar con la convicción de ser escuchado.
  7. Il El Señor oye, de modo especial, la oración hecha en el momento de la Elevación de las Especies Sacramentales. Id con frecuencia a visitar al Señor y el demonio no os vencerá.

En la oración diaria hacía repetir tres veces la jaculatoria: Querida Madre, Virgen María, haced que se salve mi alma, seguida de un Avemaria.

PARA OBTENER GRACIAS

Oh glorioso santo,tú que ves los males que nos afligen y oprimen, el incierto hoy y el más incierto mañana, y el dolor que se ha converido en el inseparable compañero de nuestra existencia, muévete a piedad de nuestra pobre condición. También tú sufriste el malestar, la miseria, el abandono, la calumnia, la persecución y fue la experiencia del dolor la que te consoló y la ayuda de cuantos acudieron a tí. Ya que estás en el Cielo, junto a la Fuente Eterna de Caridad, Tú que sientes una compasión viva por nuestras desdichas, recurro a tí confiado para obtener la gracia …(explicarla).

Oh glorioso santo, a tí nada te niega el Señor porque trabajaste mucho en la tierra para su honor y gloria: intercede por mí, consígueme la gracia implorada si es útil para mi alma, y obtenedme la conformidad del divino querer y la perseverancia en el bien. Que también yo pueda llegar un día a alabar y a agradecer, junto a tí, al Señor en el Paraiso. Así sea.

Padrenuestro, Avemaria y Gloria.

Continua…

Octubre – Rosario

El rezo del Rosario no es una cuestión de fórmulas que se repiten, sino una forma de entrar en conversación coloquial con María, para transmitir nuestros sentimientos, para confiarle nuestras penas, para abrir nuestro corazón y, finalmente, para aceptar la voluntad de Dios.

Beneficios del Rosario

(Según St. Luis María Grignon de Montfort).

  1. Nos eleva gradualmente al perfecto conocimiento de Jesucristo.
  2. Purifica nuestras almas del pecado.
  3. Nos hace victoriosos sobre nuestros enemigos.
  4. Nos facilita la práctica de las virtudes.
  5. Nos inflama de amor por Jesucristo.
  6. Nos enriquece de gracias y de méritos.
  7. Nos abstiene de pagar nuestros deudas con Dios y con los hombres, y en fin, nos obtiene de Dios toda suerte de gracias.

. Continúa…