San Antonio de Padua – 13 junio

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“La fe es la virtud principal y quién no cree es parecida a aquellos Judíos que en el desierto se rebelaron a Moisés. Sin la fe no se entra en el reino de Dios, ésta es la vida del alma. EI cristiano es el que, con el ojo del corazón iluminado por la fe, intuye los misterios de Dios y hace pública profesión.
La fe verdadera es acompañada por la caridad. Creer en Dios para el cristiano, no significa nada mas creer que Dios existe y ni siquiera creer que Él es verdadero, significa creer queriendo, creer abandonándose en Dios, uniéndose y conformándose a Él”.

(San Antonio de Padua)

Antonio como San Francisco fue por la vida de guerra del tiempo y atraído por la vida cómoda que le era permitida por la posición social de su familia. Al joven Antonio, como para Francisco, llego la llamada de Dios. El joven acogió tal exhortacion y tomo sin duda la vía que lo conducía a seguir a Jesucristo.

Dejo el rico palacio de la familia para entrar en la abadía de San Vicente con los Canónigos regulares de San Agustín y después en otra en Coimbra. En este monasterio adquiere una instrucción por los religiosos, un profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras. Al terminar sus estudios, fue ordenado Sacerdote a la edad de veinticinco años.

A Rimini Antonio trató de convertir un hereje y la disputa se basó alrededor del sacramento de la Eucaristía osea sobre la real presencia de Jesús. El hereje, llamado Bonvillo, lanza el desafío a Antonio afirmando: Si tú, Antonio, lograrás probar con un milagro que en la Comunión de los creyentes hay, por cuanto velado, el verdadero cuerpo de Cristo, yo abjurado cada herejía, someteré sin demora mi cabeza a la fe católica.
Antonio acepta el desafío porque convencido de conseguir de Dios cada cosa por la conversión del hereje. Entonces Bonfillo, invitando con la mano a callarse dijo: Yo tendré encerrada mi mula por tres días privándola de la comida. Los tres días pasados, la sacaré ante la presencia del pueblo, le enseñaré el forraje listo. Tú mientras tanto estarás por el otro lado con aquello que afirmas ser el cuerpo de Cristo. Si el animal incluso hambriento rechazara el forraje y adorará tu Dios yo creeré sinceramente en la fe de la Iglesia. Antonio rezó y ayunó por todos los tres días. En el día establecido, la plaza estaba repleta de gente, todos en espera de ver como iba a acabar. Antonio celebró la misa delante de la muchedumbre numerosa y luego con suma reverencia lleva el cuerpo de Dios ante la mula hambrienta que fue llevada en la plaza. Al mismo tiempo Bonfillo le enseñó el forraje.
Finalmente, imponiendo el silencio, el hombre de Dios con mucha fe ordenó al animal: “En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo oh animal, y te ordeno que te acerques rápidamente con humildad y le presentes la debida veneración, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas están sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar”. El siervo de Dios ni siquiera había acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el forraje, inclinándose y bajando la cabeza, se acercó arrodillándose delante del sacramento del cuerpo de Cristo. Una gran alegría contagió a los fieles y católicos, tristeza y humillación a los herejes y a los no creyentes. Dios fue loado y bendecido, la fe católica exaltada y enaltecida. El mencionado hereje, abjuró de su doctrina en presencia de toda la gente, y a partir de aquel momento prestó leal obediencia a los preceptos de la santa Iglesia. Continua…

 

San Antonio de Padua

santantAntonio como San Francisco fue por la vida de guerra del tiempo y atraído por la vida cómoda que le era permitida por la posición social de su familia. Al joven Antonio, como para Francisco, llego la llamada de Dios. El joven acogió tal exhortacion y tomo sin duda la vía que lo conducía a seguir a Jesucristo.
Dejo el rico palacio de la familia para entrar en la abadía de San Vicente con los Canónigos regulares de San Agustín y después en otra en Coimbra. En este monasterio adquiere una instrucción por los religiosos, un profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras. Al terminar sus estudios, fue ordenado Sacerdote a la edad de veinticinco años.

Desde lo profundo de su corazón el joven Antonio anhelaba una vida nueva, donde la fe, en el abandono total en las manos de Dios, pudiera reaccionar con toda su fuerza.

“Oh alma cristiana, si eres fiel en las pruebas terrenas, un día contemplarás lo que jamás el ojo humano vió. Nos dice la escritura: “Ni ojo vió, ni oído oyó, ni mente alguna ha podido comprender los que Dios tiene preparado para los que le buscan confiadamente”. Entonces satisfarás tu vista, porqué verás a Aquél que todo lo ve. Tu corazón se hinchará de infalibles alegrías. ¡Grande es tu dulzura, oh Dios! Ahora como peregrinos del Cielo, podamos apoyar la cabeza sobre la piedra que es la constancia en la fe… pero un dia reclinaremos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús, como San Juan Apostol en la Ultima Cena.
Cuanto grande es tu dulzura, Oh Señor! Tu la tienes escondida para aquellos que te honramos. Ahora nos la escondes para que la busquemos con más afán, la busquemos y la encontremos, y amándola, la gocemos eternamente!”.

Continúa…