San Antonio de Padua

santantAntonio como San Francisco fue por la vida de guerra del tiempo y atraído por la vida cómoda que le era permitida por la posición social de su familia. Al joven Antonio, como para Francisco, llego la llamada de Dios. El joven acogió tal exhortacion y tomo sin duda la vía que lo conducía a seguir a Jesucristo.
Dejo el rico palacio de la familia para entrar en la abadía de San Vicente con los Canónigos regulares de San Agustín y después en otra en Coimbra. En este monasterio adquiere una instrucción por los religiosos, un profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras. Al terminar sus estudios, fue ordenado Sacerdote a la edad de veinticinco años.

Desde lo profundo de su corazón el joven Antonio anhelaba una vida nueva, donde la fe, en el abandono total en las manos de Dios, pudiera reaccionar con toda su fuerza.

“Oh alma cristiana, si eres fiel en las pruebas terrenas, un día contemplarás lo que jamás el ojo humano vió. Nos dice la escritura: “Ni ojo vió, ni oído oyó, ni mente alguna ha podido comprender los que Dios tiene preparado para los que le buscan confiadamente”. Entonces satisfarás tu vista, porqué verás a Aquél que todo lo ve. Tu corazón se hinchará de infalibles alegrías. ¡Grande es tu dulzura, oh Dios! Ahora como peregrinos del Cielo, podamos apoyar la cabeza sobre la piedra que es la constancia en la fe… pero un dia reclinaremos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús, como San Juan Apostol en la Ultima Cena.
Cuanto grande es tu dulzura, Oh Señor! Tu la tienes escondida para aquellos que te honramos. Ahora nos la escondes para que la busquemos con más afán, la busquemos y la encontremos, y amándola, la gocemos eternamente!”.

Continúa…