Virgen del Carmelo – 16 julio

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La devoción a la Virgen del Carmelo es una forma de piedad mariana vivida y

promovida por la Familia del Carmelo. Una devoción que, por su simplicidad y consonancia con cualquier mentalidad, ha tenido amplia difusión entre los fieles y continúa dejando grandes frutos espirituales.

Esta devoción pone en primer lugar la actitud interior, el amor simple, espontáneo y filial que nace de una libre y total consagración a la bienaventurada Virgen María del monte Carmelo (Nuestra Señora del Carmen).

Devoción

Como toda verdadera devoción, procede de la fe auténtica que reconoce la grandeza de la Madre de Dios y nos impulsa al amor filial hacia la Virgen y a la imitación de sus virtudes.

Al expresar y manifestar la iniciativa del amor materno de María y nuestra voluntad de ser “propiedad” de María, nace el ESCAPULARIO (o pequeño hábito) DEL CARMELO. Pio XII lo definió como el “vestido mariano” por antonomasia y lo definió como “signo y garantía de la protección de la Madre de Dios”.

La ENTREGA del Escapulario, llamado también toma de hábito, puede ser efectuado por cualquier sacerdote. Los primeros escapularios tienen que ser de tela, benditos e impuestos por un sacerdote. Cuando se tiene que sustituir, sólo es necesaria otra bendición. La fórmula que se acostumbra es aquella del Ritual o la simple señal de la Cruz.

El Escapulario puede ser sustituido por una medalla bendita que por un lado tiene la imagen de la Virgen debajo de cualquier título – preferiblemente del Carmelo – y por el otro el Sagrado Corazón de Jesús.

El fiel se compromete a ponerse noche y día el Escapulario de tela o la medalla

  • a cumplir cada día una práctica de piedad mariana (por ejemplo: el Rosario, o 7 Ave María, o al menos un Salve Reina)
  • a rezar por el Escapulario del Carmelo y perseverar en el amor a María con un válido testimonio de vida cristiana.

El Escapulario no es un amuleto para animar la superstición, sino una prenda de predilección de la Virgen: una llamada al ejercicio de la caridad y una profesión de pertenencia y de consagración a la Madre y Reina del Carmelo.

Los privilegios

Los Privilegios del Escapulario son gracias y favores que la Virgen obtiene de Cristo para sus hijos devotos, como premio. Ésta promesa fue hecha por la Virgen a San Simón Stock y al Papa Juan XXII.

La salvación Eterna

La Santísima Virgen dijo “éste es el privilegio que yo te concedo a ti y a todos los carmelitas: cualquiera que muera con este escapulario no padecerá el fuego eterno”.
Pio XII, en su discurso conmemorativo, afirmó: “¡Cuántas almas buenas han pedido que, también en circunstancias humanamente desesperadas, se les conceda la suprema conversión y la salvación eterna poniéndose el Escapulario! ¡Cuántos, además, en los peligros del cuerpo y del alma, han sentido, gracias a él, la protección materna de María! La devoción al Escapulario ha hecho verter sobre todo el mundo ríos de gracias espirituales y temporales”.

El privilegio sabatino

La Virgen ha prometido preservar a sus devotos, quienes vistan el escapulario, librarles del purgatorio el primer sábado después de la muerte.
Pio XII asegura a los devotos del Escapulario que la Piadosísima Madre no dejará de interceder ante Dios para que sus hijos, que expían sus pecados en el Purgatorio, alcancen cuanto antes la Patria Celestial, como lo indica el “privilegio sabatino transmitido en la tradición”. Continua…

San Antonio de Padua – 13 junio

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“La fe es la virtud principal y quién no cree es parecida a aquellos Judíos que en el desierto se rebelaron a Moisés. Sin la fe no se entra en el reino de Dios, ésta es la vida del alma. EI cristiano es el que, con el ojo del corazón iluminado por la fe, intuye los misterios de Dios y hace pública profesión.
La fe verdadera es acompañada por la caridad. Creer en Dios para el cristiano, no significa nada mas creer que Dios existe y ni siquiera creer que Él es verdadero, significa creer queriendo, creer abandonándose en Dios, uniéndose y conformándose a Él”.

(San Antonio de Padua)

Antonio como San Francisco fue por la vida de guerra del tiempo y atraído por la vida cómoda que le era permitida por la posición social de su familia. Al joven Antonio, como para Francisco, llego la llamada de Dios. El joven acogió tal exhortacion y tomo sin duda la vía que lo conducía a seguir a Jesucristo.

Dejo el rico palacio de la familia para entrar en la abadía de San Vicente con los Canónigos regulares de San Agustín y después en otra en Coimbra. En este monasterio adquiere una instrucción por los religiosos, un profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras. Al terminar sus estudios, fue ordenado Sacerdote a la edad de veinticinco años.

A Rimini Antonio trató de convertir un hereje y la disputa se basó alrededor del sacramento de la Eucaristía osea sobre la real presencia de Jesús. El hereje, llamado Bonvillo, lanza el desafío a Antonio afirmando: Si tú, Antonio, lograrás probar con un milagro que en la Comunión de los creyentes hay, por cuanto velado, el verdadero cuerpo de Cristo, yo abjurado cada herejía, someteré sin demora mi cabeza a la fe católica.
Antonio acepta el desafío porque convencido de conseguir de Dios cada cosa por la conversión del hereje. Entonces Bonfillo, invitando con la mano a callarse dijo: Yo tendré encerrada mi mula por tres días privándola de la comida. Los tres días pasados, la sacaré ante la presencia del pueblo, le enseñaré el forraje listo. Tú mientras tanto estarás por el otro lado con aquello que afirmas ser el cuerpo de Cristo. Si el animal incluso hambriento rechazara el forraje y adorará tu Dios yo creeré sinceramente en la fe de la Iglesia. Antonio rezó y ayunó por todos los tres días. En el día establecido, la plaza estaba repleta de gente, todos en espera de ver como iba a acabar. Antonio celebró la misa delante de la muchedumbre numerosa y luego con suma reverencia lleva el cuerpo de Dios ante la mula hambrienta que fue llevada en la plaza. Al mismo tiempo Bonfillo le enseñó el forraje.
Finalmente, imponiendo el silencio, el hombre de Dios con mucha fe ordenó al animal: “En virtud y en nombre del Creador, que yo, por indigno que sea, tengo de verdad entre mis manos, te digo oh animal, y te ordeno que te acerques rápidamente con humildad y le presentes la debida veneración, para que los malvados herejes comprendan de este gesto claramente que todas las criaturas están sujetas a su Creador, tenido entre las manos por la dignidad sacerdotal en el altar”. El siervo de Dios ni siquiera había acabado estas palabras, cuando el animal, dejando a un lado el forraje, inclinándose y bajando la cabeza, se acercó arrodillándose delante del sacramento del cuerpo de Cristo. Una gran alegría contagió a los fieles y católicos, tristeza y humillación a los herejes y a los no creyentes. Dios fue loado y bendecido, la fe católica exaltada y enaltecida. El mencionado hereje, abjuró de su doctrina en presencia de toda la gente, y a partir de aquel momento prestó leal obediencia a los preceptos de la santa Iglesia. Continua…

 

Junio – Corazón de Jesús

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Las grandes visiones:

  1. Jesús se apareció a Santa Margarita María Alacoque y la invitó a ocupar el sitio que San Juan había ocupado durante la Última Cena, y le dijo: “mi Divino Corazón está tan apasionado por los hombres que, no pudiendo contener en sí las llamas de su ardiente caridad, necesita expandirlas. Te he elegido para cumplir este gran designio: para que todo sea hecho por mí”.
  2. El Corazón de Jesús se manifestó sobre un trono de llamas más radiante que el sol, y transparentes como el cristal, rodeado de una corona de espinas, simbolizando las heridas infringidas por nuestros pecados y encabezado por una cruz.
  3. Jesús se presentó a Margarita María todo fulgurante de gloria, con sus cinco llagas brillantes como soles, y, por aquella sagrada humanidad, salían llamas por todas partes, pero, sobre todo, de su admirable pecho, que asemejaba a un horno, y, estando abierto, ella descubrió en el amable y amante Corazón, la verdadera fuente de las llamas. Jesús la solicitó para hacer la Comunión el primer viernes de cada mes y para postrarse con la cara en tierra desde las once de la noche, entre el jueves y el viernes”.
  4. Jesús le dijo que se sentía herido por las irreverencias de los fieles, y añadió: “Lo que más me duele, es que lo hacen los consagrados”.

“Éste es el Sagrado Corazón: el que tanto ha amado a los hombres, el que no ha escatimado esfuerzos hasta unirse, incluso consumirse, para testimoniar su amor. Y en recompensa, de la mayor parte de los hombres, sólo recibo ingratitudes, irreverencias y sacrilegios, junto con la frialdad y el desprecio con que mal me usan en este sacramento de amor…Por eso te pido que el primer viernes, tras la octava del Santo Sacramento, sea festivo particular para honrar a mi Corazón. Ése día les comunicarás y exigirás reparación de honor para compensar las indignidades que he recibido durante todo el tiempo en que he sido expuesto en los altares. Te prometo que mi Corazón se ensanchará y pagará con abundantes influjos, de su divino amor, sobre los que le rindan honores y tributos”.

Continua…